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Yoga: ¿5000 años de Antiguedad?

Para comprender la historia del yoga, uno de los textos históricos más importantes son los Yoga Sutras de Patanjali, escritos hace aproximadamente 2000 años. Estos sutras describen detalladamente el proceso y la psicología de la meditación yóguica. Otros textos de la misma época, como las enseñanzas de Buda y el Bhagavad Gita y los Upanishads (fechados alrededor del 200 a.C. o antes), también incluyen la práctica meditativa. El Katha Upanishad (1-III-9) utiliza la metáfora de un coche de caballos para describir la meditación: «…el hombre que tiene un intelecto que discrimina como su conductor y una mente como las riendas, alcanza el final del camino – ese estado supremo de Vishnu.» La palabra «yoga» aparece en los Vedas más antiguos, aunque en un contexto de conciencia unitiva o trascendental más que como una práctica conductual contemplativa.

Según la Enciclopedia Británica, la prehistoria del yoga no está clara. Los primeros textos védicos mencionan a extáticos que podrían haber sido predecesores de los yoguis. Así, podemos afirmar con seguridad que la práctica del yoga/meditación tiene miles de años de antigüedad, al menos 2500 años. Sin embargo, muchos libros y sitios web afirman que el origen del yoga se remonta a hace 5000 años, una cifra que no está respaldada por los textos mencionados. Por ejemplo, se encuentran afirmaciones como: «El yoga, una práctica de 5000 años de antigüedad, sigue siendo adecuada para la era moderna» y «El desarrollo del yoga se remonta a hace más de 5000 años…».

En su página web; Yoga Alliance afirma que «El yoga se desarrolló hace hasta 5000 años en la India…». Incluso las instituciones gubernamentales indias han afirmado claramente que la práctica del yoga es así de antigua. Entonces, ¿de dónde proviene esta significativa extensión de 2500 años del origen del yoga?

Civilización del Valle del Indo

Un sello de piedra excavado en Harappa muestra una figura en pose yóguica, hacia el 3300-1300 a.C. Esta figura, con las piernas dobladas en una postura sentada y los brazos extendidos sobre las rodillas, fue exhibida en el Museo Nacional de India. La similitud de esta postura con la meditación yóguica llamó la atención de arqueólogos e historiadores, quienes sugirieron que esta civilización podría haber practicado yoga.

Este es quizás la mejor pista que los historiadores tienen de este período temprano respecto a la práctica del yoga. El Sello de Pashupati (2350-2000 a.C.) es un sello de esteatita producido por la gente del Indo-Sarasvati que representa a un hombre tricéfalo, con cuernos (o deidad), sentado, que parece estar meditando pacíficamente entre un búfalo y un tigre. Para algunos estudiosos, el aparente control sin esfuerzo que la figura central del sello ejerce sobre las bestias que lo rodean podría ser un símbolo del poder que la mente calmada tiene sobre las pasiones salvajes del corazón.

Las ruinas arqueológicas de Moenjodaro comprenden el primer gran centro urbano de la civilización del Indo construido hace 5000 años con estructuras de ladrillo cocido que cubren 240 ha, de las cuales solo aproximadamente un tercio ha sido excavado desde 1922. Los hallazgos arqueológicos que se relacionan con el yoga hueron realizados en gran parte gracias a los trabajos del arqueólogo británico Sir John Hubert Marshall, quien era el Director General del Servicio Arqueológico de la India en ese momento.

El descubrimiento de Harappa, una de las principales ciudades de esta civilización, está curiosamente relacionado con la construcción de una vía de tren. En 1856, los ingenieros británicos John y William Brunton, que trabajaban en la construcción del ferrocarril que conectaba Karachi con Lahore, utilizaron antiguas ladrillos cocidos que encontraron en la región de Harappa para el balasto de la vía. Estos ladrillos que se parecían ser objetos recientes, procedían de ruinas antiguas que más tarde se identificaron como pertenecientes a una civilización avanzada y desconocida hasta entonces.

Fue solo en la década de 1920, bajo la dirección de John Marshall, que las excavaciones sistemáticas comenzaron a revelar la magnitud y la importancia de la civilización del Valle del Indo. Entre los numerosos artefactos descubiertos se encontraban sellos de piedra con figuras en posturas que han sido interpretadas como posiciones yóguicas, sugiriendo una posible relación con las prácticas de yoga.

En 2002 se desenterraron un total de 16 artefactos con imágenes yóguicas, incluida una placa de cobre. Estos artefactos también tienen símbolos en una escritura o lenguaje que aún no ha podido ser descifrado. Estos artefactos se analizaron en un artículo de 1981 titulado «An Archaeology of Yoga» por Thomas McEvilley en la revista RES: Antropología y Estética, donde se discuten argumentos científicos en torno a la práctica del yoga en esta civilización.

Otros artefactos, como un busto masculino de piedra caliza de Mohenjo-daro, también se han asociado con la meditación debido a sus ojos parcialmente cerrados y enfocados en la punta de la nariz. En el libro de 1953 «The Art and Architecture of India» se analiza un torso de piedra caliza de Harappa con el abdomen extendido, sugiriendo que esto es coherente con la respiración abdominal yóguica. Varias figurillas de arcilla en posición sentada con las manos juntas en actitud de oración (Anjali mudra o postura Namaskar) también se han encontrado.

En su apogeo, la civilización Indo-Sarasvati se convirtió en la civilización más grande del mundo antiguo. Sin embargo, alrededor del 1750 a.C., comenzó a declinar hasta desaparecer por completo. Las razones de esta desaparición aún son objeto de debate entre los académicos. A pesar de la desaparición de la civilización, el yoga no se extinguió.

Aproximadamente en el 1500 a.C., los indo-arios, un grupo de pueblos nómadas originarios del Cáucaso, llegaron y se asentaron en el norte de la India. Con ellos, se introdujeron los Vedas, los primeros textos literarios que mencionan prácticas meditativas y rituales que pueden considerarse precursores del yoga. La fusión de las culturas indo-aria e indígena del Valle del Indo probablemente facilitó la preservación y evolución de estas prácticas espirituales.

Esta transición pudo asegurar la continuidad de las prácticas yóguicas, adaptándolas y preservándolas a través de las transformaciones culturales y temporales.

Independientemente de si el yoga tiene 2500 o 5000 años, sigue siendo una práctica igualmente ancestral y valiosa. La historia de esta práctica milenaria es el resultado de una evolución que comenzó con prácticas meditativas y rituales en la Civilización del Valle del Indo, se desarrolló en los textos védicos, y se estructuró formalmente en los Yoga Sutras de Patanjali. A pesar de la falta de certeza absoluta sobre el momento exacto de su aparición, las evidencias arqueológicas y literarias nos permiten rastrear su desarrollo a lo largo de varios milenios, demostrando su profunda y antigua conexión con las prácticas espirituales y filosóficas de la India.

Además, la mayoría de los sitios de la civilización del Valle del Indo aún no han sido completamente excavados, Mohenjo-Daro y otros puntos del Valle del Indo son actualmente sitios activos de investigación y prospección arqueológica, lo que indica que podría haber mucha más evidencia por descubrir que pudiera terminar de confirmar la presencia de este tipo de prácticas en este periodo.

Los cimientos de la zona están amenazados por la acción salina debido a la subida del nivel freático del río Indo. Esto fue objeto de una campaña internacional de la UNESCO en la década de 1970, que mitigó parcialmente el ataque a los edificios de ladrillo de barro.


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