
La Mente Humana, Una Cuestión Ancestral
Raíces Históricas: De los Upanishads a la Psicología Moderna
El sufrimiento provocado por nuestra propia mente no es un fenómeno moderno. Hace más de 2.500 años, los sabios de los Upanishads ya exploraban la naturaleza de la consciencia humana y su tendencia a identificarse con los pensamientos. En el Bhagavad Gita, Krishna instruye a Arjuna sobre la mente inquieta: «Porque la mente, oh Arjuna, es sin duda inquieta y difícil de dominar; pero puede ser controlada mediante la práctica constante (abhyasa) y el desapego (vairagya)».
Siglos después, Patanjali sistematizó este conocimiento en sus Yoga Sutras, definiendo el yoga como «chitta vritti nirodha» —el cese de las fluctuaciones de la mente. Para Patanjali, la causa fundamental del sufrimiento humano era la identificación de la consciencia pura (purusha) con los contenidos de la mente (prakriti).
Es fascinante observar cómo la psicología moderna ha llegado a conclusiones similares por caminos diferentes. Desde los estudios de William James sobre la atención, hasta las investigaciones contemporáneas en neurociencia que confirman los beneficios del mindfulness, la ciencia occidental redescubre lo que los yoguis han practicado durante milenios.
La Crisis de Atención en la Sociedad Moderna
Nuestra era digital presenta desafíos únicos. Vivimos en un mundo de estímulos constantes que fragmentan nuestra atención. Las notificaciones, las redes sociales, la inmediatez de la información y la cultura de la multitarea han creado una pandemia de distracción. El cerebro humano, que evolucionó durante miles de años para procesar información a un ritmo mucho más lento, se encuentra ahora bombardeado por datos que compiten incesantemente por nuestra atención.
Este entorno sobrestimulado crea condiciones ideales para el aumento de la ansiedad, la depresión y otros trastornos relacionados con el estrés. La mente, constantemente agitada, rara vez tiene oportunidad de asentarse en el momento presente. Paradójicamente, mientras más conectados estamos digitalmente, más desconectados nos sentimos de nosotros mismos.
La Práctica de la No Práctica
En una sociedad obsesionada con el «hacer», con alcanzar objetivos y con la productividad constante, el verdadero acto revolucionario es simplemente «ser».
Esta aparente contradicción —practicar la no práctica— encierra una profunda sabiduría. No se trata de añadir una actividad más a nuestras agendas saturadas, sino de crear espacios donde podamos despojarnos de roles, expectativas y del constante «hacer». Es permitirnos existir sin propósito, sin meta, sin expectativa de resultado. Curiosamente esto traerá sus frutos.
Como dice el Tao Te Ching: «El sabio actúa sin hacer, enseña sin hablar». Esta acción sin esfuerzo (wu-wei) es precisamente lo que nuestra sociedad ha olvidado. Buda también señaló este camino cuando enseñaba sobre la «no-mente» (wu-nien), ese estado de consciencia clara donde la mente conceptual se aquieta sin esfuerzo, permitiendo que la realidad se revele tal como es.
Krishnamurti lo expresó con claridad al afirmar que:
«la más alta forma de inteligencia humana es la capacidad de observar sin evaluar».
Esta observación revela cómo los frutos más valiosos surgen precisamente cuando abandonamos el intento de obtener resultados. Cuando simplemente observamos —sin juzgar, sin interferir, sin intentar cambiar lo que es— accedemos a una inteligencia natural que opera con una eficiencia que la mente esforzada nunca podría alcanzar. Es en este estado de atención pura donde los nudos de la mente comienzan a desatarse por sí mismos, no porque hayamos luchado contra ellos, sino porque les hemos dado el espacio para disolverse en la consciencia.

Nuestro Método: Sencillez
En YUJ entendemos que la práctica del yoga va más allá de las asanas. Es un sendero hacia la consciencia plena y la liberación del sufrimiento. Nuestra filosofía ofrece herramientas prácticas para trascender los pensamientos negativos y encontrar paz interior.
A menudo, en la búsqueda espiritual, nos perdemos en la complejidad de técnicas, conceptos y prácticas avanzadas. Como dice el antiguo refrán: «que los árboles no te impidan ver el bosque». Podemos estar tan enfocados en dominar posturas específicas, técnicas de respiración o conceptos filosóficos que perdemos de vista el propósito fundamental del yoga: la liberación del sufrimiento y el despertar a nuestra verdadera naturaleza.
Los cinco principios que presentamos a continuación no son complicados ni requieren años de estudio. Son prácticas accesibles que pueden integrarse en nuestra práctica y en la vida cotidiana. Su poder radica precisamente en su sencillez: no buscan añadir complejidad a nuestras vidas, sino simplificarlas, permitiéndonos reconocer lo que siempre ha estado ahí: nuestra naturaleza esencial, pacífica y consciente.
1. Observar la Mente: Sakshi, El Testigo Interior
Principio: En nuestra tradición, practicamos sakshi bhava o la consciencia del testigo. Este concepto fundamental del yoga nos invita a observar nuestros pensamientos sin identificarnos con ellos.
Aplicación práctica: Durante nuestras sesiones de meditación guiada, cultivamos esta capacidad de ser testigos, creando un espacio entre nosotros y nuestros pensamientos. Como ilustra la profunda reflexión de Eckhart Tolle, «No puedo vivir más conmigo mismo», que revela un momento de despertar crucial: si hay un «yo» que no puede vivir con «mí mismo», entonces debe haber dos entidades – la consciencia observadora y la mente pensante con la que nos identificamos.
Esta revelación esencial nos muestra que no somos nuestros pensamientos. Somos la consciencia que puede observarlos, el testigo silencioso que permanece cuando la mente se aquieta.
«Drashta drishyayoh samyogo heya hetuh» – La causa del sufrimiento es la identificación del observador con lo observado. (Yoga Sutras de Patanjali)
2. Aceptación del Presente: Santosha
Principio: Santosha, o contentamiento, es uno de los niyamas fundamentales del yoga. No es resignación pasiva, sino una profunda aceptación del momento presente.
Aplicación práctica: En nuestras clases, invitamos a los estudiantes a aceptar su cuerpo y su práctica tal como es hoy, sin resistencia. Cuando surge la tristeza, la aceptamos como parte del paisaje emocional presente, sin luchar contra ella.
«Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, se transforma.»
3. Atención al Cuerpo: Pratyahara y Dharana
Principio: Las prácticas de pratyahara (retiro de los sentidos) y dharana (concentración) nos enseñan a dirigir nuestra atención conscientemente al cuerpo físico y sutil.
Aplicación práctica: Utilizamos técnicas de exploración corporal consciente para anclar la atención en el cuerpo, especialmente cuando la mente divaga hacia pensamientos negativos o intrusivos. El cuerpo siempre existe en el momento presente.
En este principio, el trabajo con asanas (posturas físicas) cobra especial relevancia. Cada postura se convierte en una meditación en movimiento donde la atención se dirige conscientemente a las sensaciones físicas, la alineación y la respiración. Al practicar asanas, no buscamos simplemente flexibilidad o fuerza física, sino cultivar la capacidad de mantener la atención plena en el cuerpo mientras observamos —sin juicio— cualquier reacción mental que surja.
Las asanas nos enseñan a habitar el cuerpo con plena consciencia. Cuando sostenemos una postura desafiante, tenemos la oportunidad de observar cómo la mente intenta escapar del momento presente mediante pensamientos de resistencia. Este es precisamente el laboratorio perfecto para practicar pratyahara y dharana: retirar la atención de las distracciones externas e internas y dirigirla con firmeza pero suavidad a la experiencia corporal inmediata.
«El cuerpo es el templo donde el alma reside. Honrarlo es honrar la divinidad interior.»
4. Respiración Consciente: Pranayama
Principio: Pranayama, el control consciente de la respiración, es el puente entre cuerpo y mente, entre lo físico y lo sutil.
Aplicación práctica: Nuestras prácticas de pranayama no buscan solo controlar la respiración, sino observarla y sentir su flujo natural. La respiración consciente nos devuelve al momento presente, disolviendo la tristeza y los pensamientos intrusivos que se alimentan de historias sobre el pasado o futuro.
Trabajamos de forma específica estas técnicas y fomentamos talleres específicos para profundizar en ellas.
«Prana es la fuerza vital universal. Al conectar con nuestra respiración, conectamos con la energía que todo lo sustenta.»
5. Trascender la Identificación: Moksha
Principio: Moksha o liberación es el objetivo último del yoga: liberarse de las limitaciones de la mente y experimentar nuestra verdadera naturaleza.
Aplicación práctica: A través de nuestra práctica integral, guiamos a los estudiantes a experimentar momentos de pura presencia, más allá de la identificación con la mente. Estos momentos, pueden ser breves y fugaces, pero son suficientes. Contienen la semilla de la libertad interior y la capacidad de observar los pensamientos negativos sin quedar atrapados en ellos. Un solo brevísimo instante de esta chispa puede provocar una ola de transformación.
«Yoga chitta vritti nirodha» – El yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente. (Yoga Sutras de Patanjali)

Nuestra Verdadera Naturaleza
En YUJ, entendemos que la tristeza, los pensamientos intrusivos y el sufrimiento son parte de nuestra naturaleza, pero se alimenta de nuestra identificación con la mente y sus historias. Esta confusión fundamental —tomar los pensamientos por lo que somos— ha sido reconocida por tradiciones espirituales y filosóficas durante milenios, y hoy se manifiesta con particular intensidad en nuestra sociedad hiperconectada pero internamente fragmentada.
Los cinco principios que hemos presentado no son meras técnicas de autoayuda. Son puertas hacia el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Cada principio, practicado con sinceridad y constancia, afloja el nudo de la identificación que mantiene atada nuestra consciencia a los movimientos de la mente.
Esta vía no busca eliminar los pensamientos —tarea imposible y contraproducente— sino transformar radicalmente nuestra relación con ellos. Es un despertar gradual a la comprensión experiencial, no meramente intelectual, de que somos mucho más que nuestros pensamientos: somos la vasta consciencia que los percibe.
En un mundo que valora la acumulación —de bienes, de información, de experiencias—, esta práctica propone lo contrario: el desapego, la simplificación, el reconocimiento de lo que ya está presente. No necesitamos añadir nada a lo que somos para encontrar la paz. Necesitamos, paradójicamente, quitar las capas de identificación que ocultan nuestra naturaleza esencial.
La belleza de este camino es que no tiene fin. Cada día ofrece nuevas oportunidades para despertar al momento presente, para recordar nuestra verdadera naturaleza. Los retrocesos no son fracasos sino recordatorios para volver a la práctica con renovada atención.
Te invitamos a integrar y sobre todo practicar estos principios tanto en la esterilla como en la vida cotidiana.
No buscamos una experiencia extraordinaria, sino despertar a la extraordinaria naturaleza de cada experiencia ordinaria cuando está impregnada de presencia plena.
La práctica formal de yoga, meditación y pranayama crea el espacio para cultivar estas capacidades, pero es en los desafíos de la vida diaria —en las relaciones, el trabajo, los momentos difíciles— donde realmente despliegan su poder transformador.
Lo que verdaderamente transforma nuestra consciencia no es la mera absorción intelectual de estos principios. El conocimiento teórico, por profundo que sea, permanece en la superficie si no se encarna a través de la práctica constante. En la tradición yogui, esta dedicación sostenida se conoce como Sadhana —la práctica disciplinada y comprometida que nos conduce más allá del entendimiento conceptual hacia la realización directa. Gran parte de este proceso ocurre en capas profundas de nuestro ser, fuera del alcance del intelecto. No siempre podremos explicar con palabras qué ha cambiado exactamente o por qué nos sentimos mejor. Y así es precisamente como debe ser: la transformación auténtica trasciende lo que la mente puede comprender o articular.
Tu Sadhana personal, tanto en la esterilla como en cada momento de atención plena durante el día, es el verdadero vehículo de transformación.