El otro día estaba en una cafetería del centro, una de esas que todavía tienen sillas de enea y camareros con tiza en la oreja. En la mesa de al lado, una chica alternaba entre tres pantallas. El portátil, el móvil, y una tablet. En un momento dado cerró el portátil. Dejó la tablet. Y durante unos ocho segundos —los conté— se quedó mirando la pared.
Ocho segundos. Luego cogió el móvil.
En el rodeo profesional, ocho segundos es lo que un jinete tiene que aguantar sobre un toro para que su monta sea válida. Menos de ocho y no hay puntuación. No cuenta. Es como si no te hubieras subido. Ocho segundos sobre media tonelada de músculo y furia que hace todo lo posible por tirarte.

Es una imagen perfecta de lo que pasa cuando intentas quedarte quieto contigo mismo. Siéntate. Cierra los ojos. Intenta no hacer nada. Uno. Dos. Tres segundos de calma. Y entonces la mente —tu mente, ese toro magnífico y salvaje— empieza a corcovear.
Simone Weil escribió algo que me persigue: «La atención es la forma más rara y más pura de la generosidad.» No dijo el amor. No dijo el tiempo. No dijo el dinero. Dijo la atención. Weil entendía que prestar atención de verdad —atención sostenida, sin dividir, sin filtro— es el acto humano más costoso y más valioso.
Los Yoga Sutras de Patanjali llevan más de dos mil años diciendo esencialmente lo mismo: Yogash chitta vritti nirodha. Yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente. Toda la disciplina, toda la tradición condensadas en una frase. Aquieta la mente. Observa. Eso es yoga.

Rilke le escribió a un joven poeta: «Si tu vida cotidiana te parece pobre, no la culpes. Cúlpate a ti mismo. Dite que no eres bastante poeta para conjurar sus riquezas.» No hablaba solo de escritura. Hablaba de atención. De la capacidad de ver —realmente ver— lo que tienes delante.
No te voy a decir que el mindfulness va a cambiar tu vida. Lo que sí te digo es que cambia tu relación con tu vida. No te da una vida mejor. Te da mejores ojos para ver la que tienes.
Porque el silencio no es la ausencia de ruido. Es la presencia de atención.
Este artículo fue publicado originalmente en nuestro Substack. Suscríbete para recibir nuevos ensayos directamente en tu correo.


