Hoy es el día en que una ejecutiva de Nueva York conduce por un pueblo nevado, su coche se avería, y un veterinario viudo con camisa de franela le ofrece chocolate caliente. Sabemos cómo termina: ella descubre que el amor verdadero estaba en renunciar a su carrera, mudarse a un sitio sin wifi, y adoptar un golden retriever.


Los yoguis llamarían a estas historias Maya: el velo de ilusión que nos hace creer que la vida real está en otra parte. En otro pueblo, en otra versión de nosotros mismos, en otra circunstancia más perfecta o más dramática.
El yoga no te pide que finjas ser otra persona, ni que te preguntes «qué habría pasado si…», ni que esperes a que tu vida se parezca a una película. La práctica es precisamente eso: atravesar Maya, ver a través del velo, y reconocer que la vida real no está en otra parte.

El yoga te recuerda algo más simple: estés donde estés hoy, respira ahí. En el tráfico. En la mesa familiar quizás incómoda. Entre el turrón y las preguntas sobre tu vida. En la vida que tienes, no en la que pudiste tener ni en la que te dicen que deberías querer.

Desde YUJ te deseamos unas Navidades reales, no perfectas. Con momentos de calma y otros de caos. Con risas y también con silencios —unos incómodos y otros necesarios. Con la certeza de que esta vida, la que estás viviendo ahora mismo, sin filtros ni banda sonora, es la única que necesitas.

Este artículo fue publicado originalmente en nuestro Substack. Suscríbete para recibir nuevos ensayos directamente en tu correo.


