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Clase de prueba gratuita

Este no es un lugar para “probar gratis”. Es un espacio de trabajo, de aprendizaje y de respeto mutuo.


Nadie entra a una peluquería, a un restaurante o a una consulta médica pidiendo “solo probar”. Tampoco lo harías en una farmacia, una frutería o con un veterinario, porque sabes que su tiempo, su formación y su trabajo tienen un valor.


El yoga no es distinto. Aquí también se pagan impuestos, se cuida el espacio, se invierte en materiales, y sobre todo, se ha invertido mucho —muchísimo— en formación y experiencia para poder enseñarlo. Cada clase es fruto de años de estudio, práctica, disciplina y esfuerzo personal.


Pedir una clase gratuita no es una demostración de interés: es una falta de respeto absoluta hacia esa labor.

Si realmente sientes curiosidad, hay muchas formas honestas de acercarte: preguntar por una clase de iniciación o una sesión introductoria.


Pero si insistes en exigir una clase gratis, te pedimos con amabilidad que no sigas. Este espacio no es para ti.


El yoga empieza con respeto. Y si no hay respeto, no hay yoga.

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